Sugerencias
para la materialización del proyecto “De la idea al objeto”
1. El
cronograma es una guía y un instrumento. No es un fin en sí mismo. Permite
alcanzar metas. Es posible saber siempre en qué parte del proceso se encuentra,
cuánto falta por realizar, cuánto se ha logrado.
2.
Comienza el proyecto.
3.
Es imprescindible saber con exactitud cuánto tiempo se
demorará.
4.
Garantiza ocurra en la fecha indicada.
5.
Necesitas hacer un esfuerzo de proyección al futuro.
6.
Diseñar cronogramas detallados que puedan utilizarse
como punto de referencia para cumplir con los plazos.
7.
No dejar todo para última hora.
8.
Sea realista. Si no hay
disciplina no se podrá lograr el objetivo.
9.
Conozca sus procesos
editoriales. Estime cuánto se demora en cada paso editorial: cantidad de páginas, grado
de dificultad del texto.
10.
Inicie con un cronograma
general. Proponga
primero los grandes segmentos: “Entrega de la primera versión del manuscrito”,
“Corrección de estilo”, solo con una
fecha de inicio y otra de finalización, sin detallar los pasos.
11.
Divida las grandes etapas en
pasos cada vez más pequeños. Las grandes etapas se dividen en pasos con fechas
cortas y manejables: “Autor entrega capítulo 1”, “Equipo revisa capítulo 1”,
“Autor implementa correcciones al capítulo 1”. Emplear segmentos pequeños
contribuye a ganar tiempo al identificar las interferencias en el momento en
que ocurren, y no cuando es demasiado tarde para remediarlas.
12.
Verifique su cronograma. Cuando los
colaboradores comienzan a fallar con las fechas de entrega, el cronograma es el
instrumento para levantar la alerta y detectar las amenazas. Los retrasos son
proporcionales a la etapa que se tiene entre manos. Un retraso en un paso de
tres semanas puede ser de uno a tres días sin que implique un descalabro en el
cronograma global; pero un retraso en un proceso de ocho meses puede llegar a
ser de dos o tres meses y retrasar la fecha de salida de la obra.



